lunes, 14 de noviembre de 2011

La eficaz estrategia del globo. TV y política

Por Cristian Martínez

Las victorias políticas de las últimas elecciones brinda la posibilidad de hacer un abordaje de las propuestas de sentido que se preparan para la televisación de los triunfos. El caso excluyente, tal vez, ha sido el reiterado triunfo de Mauricio Macri en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, al frente del Pro y una inusual forma de festejo televisado.

Si focalizamos la atención en la televisación en vivo del festejo del Pro se destacan los planos fijos y cerrados para subrayar ciertos protagonistas y una cámara que sobrevuela el lugar, como el plano que describía en los años noventa la grúa de Ritmo de la Noche, en los domingos nocturnos de TeLeFe. En la sucesión de imágenes sobresale  el colorido del recinto, donde dominan el color amarillo, el rojo y algunos verdes o celestes, están presentes los globos amarillos (muchos globos), son escasas las banderas celestes y blancas, mucho menos rojas y negras. En el caso de Ritmo de la Noche no se utilizaban globos, en ese momento se alzaban porras con los colores de TeLeFe, y tanto el público en la tribuna como el grupo musical que se presentara, se mostraban a través de esa cámara que se deslizaba de un sector a otro sobre una grúa.  La idea de entretenimiento de televisión estaba asegurada. En la propuesta televisada del bunker del Pro, sucedía algo parecido a un espectáculo: se reconoce un enorme escenario (en la previa las imágenes suelen mostrar alguna banda de rock/pop tocando) detrás del cual se monta una pantalla gigante. La construcción del espacio se acerca más a un show que a un acto político, tal vez por eso está ausente el atril, ese lugar desde donde el político declara, diserta, expone… Otro elemento no menor del montaje de sentido espectáculo de la propuesta es la máquina de tirar papelitos que se complementa con  la música festiva y el baile con coreografía, (a esta altura ya podríamos considerar cierto corrimiento de lugar –de construcción de la propia imagen- de Macri como protagonista del escenario, su personaje a virado de político a estrella pop).En el sentido inverso a este montaje de sentido, la televisación de las elecciones primarias mostró,  a la  mayoría de los políticos en pugna, dando un discurso detrás de sus atriles, en algunos casos hubo papelitos pero estuvieron ausentes los globos, propiedad indiscutible del partido de Macri.  

La victoria del Pro inaugura un tipo de festejo político televisado que recuerda el Video Match del domingo a la noche (Ritmo…), con globos y papelitos, clima festivo, en una época donde la despolitización y el desprestigio de la democracia fueron ganando valor simbólico en el imaginario social. Desde el año 2001 se comenzó a instalar el término “tinelización” para representar la banalización de la cultura, de la que la tv nunca estuvo exenta. Diez años después del neologismo televisivo, la banalización de la política, el desprecio por el debate público, sostenida en operaciones mediáticas, el triunfo televisado con la estética noventosa de los entretenimientos televisivos de Marcelo Tinelli: debería llamarse la macrización de la política?

No es casual que la propuesta de una “nueva política” impulsada por el Pro coincida en el andamiaje televisivo de quien fuera uno de los íconos de los años del menemismo. Cuando veo los globos del Pro también me acuerdo de El Globo Rojo de Lamorisse, del niño que convive con un globo rojo, de la alegría imposible de ser un niño otra vez, se me viene a la mente la frase “nos pincharon el globo”, percibimos la fragilidad de la infancia en ese objeto del festejo. Repaso el Diccionario de símbolos de Cirlot y descubro que el globo, símbolo del mundo, representa el poder en ascenso cuando se posa en él un águila, pero sobre todo la carencia de esquinas/aristas del globo equivale analógicamente a la falta de inconvenientes, estorbos, contrariedades.

En la película de Albert Lamorisse un niño solitario encuentra un globo que tiene vida o al menos conducta, voluntad o rasgos humanos. El niño y el globo prodigioso, vagan por las calles de un París gris. Por donde anda  el chico va el globo. El mundo es hostil, la pérdida de la inocencia es inminente. Otros niños descubren el globo y sus virtudes y en un breve monte estéril lo crucifican a piedrazos. Otros globos acuden a consolar al niño huérfano y finalmente lo ascienden a los cielos. Lo alejan de la tierra contaminada y cruel, agresiva y hostil.  Estas características de un globo pura bondad cimientan la estrategia del Pro, por un lado victimizándose y tomando la posición de quien constantemente recibe ataques (es el más débil). A su vez recompone y sitúa la capacidad de debate, discusión o disensión –ejercicio de la política- del otro como una agresión. Es eficaz porque en la liviandad y delicadeza  del globo cualquier acercamiento diferente es amenaza. La ideología del globo es estratégicamente perfecta, en cuanto que posibilita la articulación de un discurso sin obstáculos, sin oponente, sin conflicto cuyo móvil incuestionable se acciona desde la mirada de un niño.

Mucho antes de que se comenzaran a fabricar y utilizar los atriles fue la mesa el soporte donde se apoyaban rollos, papiros y pergaminos para leer en público, por eso la mesa - por extensión y en una de sus partes el atril- es símbolo del espacio donde se representan los vínculos comunitarios. Luego cuando el atril adquiere el uso específico del saber (dejando a la mesa para otros menesteres) comienza a representar el lugar desde donde se opera una relación entre lo visible y lo invisible: el púlpito de la iglesia para dar a conocer la luz divina, el atril para exponer las ideas de un proyecto político. La estrategia televisiva del Pro al eludir el atril, también descarta lo que éste simboliza: la reconstrucción de las relaciones sociales, colectivas, comunitarias y la discursividad –el relato- que propone lo ideal en el devenir de lo real establecido. Se autoproclama como un “nuevo modelo” de hacer política, su propuesta en televisión se opera recuperando la estética de los espectáculos de Marcelo Tinelli.