De esa desinformación -que es ocultamiento y deformación de la verdad- proceden una cantidad de formulaciones de supuesta naturaleza axiomática que la mentalización acrítica instalada ha observado y repetido dogmáticamente, con sumisa sujeción a un principio de autoridad intocable, encarnada en clásicos popes de la intelligentzia argentina.
Estas formulaciones son las que Arturo Jauretche llama, para desacralizarias (él diría destriparlas) como corresponde, "zonceras argentinas": "Descubrir las zonceras que llevamos dentro es un acto de liberación; es como sacar un entripado valiéndose de un antiácido, pues hay cierta analogía entre la digestión alimenticia y la intelectual. Es algo así como confesarse o someterse al psicoanálisis -que son modos de vomitar entripados- siendo uno mismo el propio confesor o psicoanalista. Para hacerlo sólo se requiere no ser zonzo por naturaleza; simplemente estar solamente azonzado, que así viene a ser cosa transitoria, como lo señala el verbo".
Es fácil imaginarse la cantidad de zonceras actuales que engrosarían la numerosa lista que alcanzó a destripar Jauretche con la filosa sabiduría de sus verdades criollas.